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ESTUDIA EN EL CEFTA

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El sentido del CEFTA

Exordio

Es un honor para mí dirigirme a la generación 2004-2007 en esta ceremonia de graduación de Licenciatura en Filosofía en el Centro de Estudios Filosóficas Tomás de Aquino. Estoy vivamente agradecido del favor que me dispensan al permitirme hablar en esta solemne ocasión. Acepté convencido de la calidad intelectual que ha demostrado el grupo en su actuación cotidiana y como reconocimiento de los resultados obtenidos por todos.

 

Terminar una licenciatura es un logro al que pocos en México pueden llegar. Las estadísticas son cada vez menos optimistas a este respecto, por lo cual el nivel de responsabilidad aumenta en cada uno de quienes llegan hasta a este punto en su vida. Una responsabilidad personal, y familiar sin duda, pero también y sobre todo social.

 

Hay que cerrar el ciclo y volver la página, de la vida estudiante a la vida profesional, hay que celebrar el rito de iniciación que consiste en abandonar las aulas para integrarse en el gremio, en la guilda, en la corporación de profesionistas. Es el cambio de vida, de la actividad centrada en la logomaquia pasar al campo donde hay que luchar por los empleos, y más que eso por la remuneración del trabajo. Eso no se puede lograr con esfuerzos individuales, que aunque heroicos y admirables pocas veces logran sus objetivos: sólo el gremio, la guilda y corporación logra los resultados firmes de justicia y equidad. Una abeja nunca vuela sola.

 

El Estudio Provincial

Se supone que yo debo hacer un encomio, un panegírico diciendo que la formación impartida en el CEFTA es universitaria y prepara para convertir a los egresados en ganadores, hombres y mujeres de éxito. Creo que no podría hacerlo, no al menos en el sentido que nuestra institución sería una universidad. No lo es en el sentido actual; lo que llaman universidad en la actual política educativa, consiste en la organización de unos cuantos cursos de administración y mercadotecnia, más o menos coherentes y más o menos conexos, arreglados suficientemente con el fin de que la Secretaría de Educación otorgue la necesaria aprobación para que con ello se conceda el título de licenciado, o algo equivalente, para poder venderlo a las empresas como mercancía de trabajo. En el CEFTA no somos esa clase de institución y no nos interesa sacar ese producto.

 

En ese sentido CEFTA ni es una universidad ni compite en ese mercado.  La formación impartida en esta facultad de filosofía se parece más a las de las instituciones medievales llamadas Studia generalia, a los “estudios generales” que precedieron la formación de las universidades, cuando éstas eran regidas por los alumnos y los profesores de manera consensuada. De hecho quien egresa de nuestras aulas va montado en una tradición muy antigua.

 Se trata de una tradición con más colores que  el arco iris, y más ramas que un encino.

Es la tradición platonizante de Alberto Magno y de sus seguidores. También es la tradición aristotélica de Tomás d Aquino, agijoneada y motivada por las cuestiones musulmanas y los planeamientos de los sabios judíos. Es una tradición muy fecunda que alcanza para la filosofía del derecho, del gobierno, como es el caso de la política de fray Raymundo de Peñafort que legisló en sentido medieval para las comunidades cenobíticas del siglo XIII. Estas comunidades (franciscanos, carmelitas, siervitas…) mantienen hasta ahora un régimen parlamentario en su gobierno interno. Esta tradición se convierte en una reflexión estética en los recios frescos de Juan de Fiésole, el “Beato Angélico” artista de renombre que ingresó en la Orden de Predicadores y con la introducción de la perspectiva impulsó el cambio radical en la pintura del renacimiento. Estas innovaciones de la expresión estética resultaron fundamentales en la obra de Leonardo da Vinci. Al abrir la vida mística al gran público con lo sermones en lengua popular el Maestro Eckhart daba un paso fundamental en la exigencia de una vida cristiana con más sabor y afecto. Con un lenguaje neoplatónico Juan Eckhart insistió que para la unión total con Dios, la condición es un despojo de todo deseo, de todo anhelo y de todo proyecto que no sea el de hundirse en las profundidades de la vida de la Trinidad. A los escrutadores de la inquisición papal les fue laborioso llegar a sacar frases fuera de contexto para condenar algunas de sus doctrinas, lo que no disminuyó el número de sus lectores. Es el principal y más polémico exponente de la mística alemana.

La tradición sobre la que cabalgamos es pluriforme, crítica e incómoda, -a contracorriente- como la del fraile florentino Gerónimo Savonarola y su quema de vanidades en las plazas de Florencia y su protesta en contra de un ministerio papal envuelto en contrasignos, contrasentidos y adverso a la pureza evangélica. Este fraile murió en la hoguera por negarse ser sometido a un juicio trucado, con jueces corrompidos por los propios emisarios del Papa, el fraile dominico estaba decidido a oponer acciones valerosas contra la venalidad, la impunidad y el cinismo. La tradición incluye a Catalina de Siena, una laica entusiasmada y conmovida por la energía espiritual que la llevaba a orientar y dirigir a una entera sociedad con sus planteamientos revolucionarios, en contra de la pretensión y la simulación decidida a hacer de nuevo una comunidad que pudiera tomarse como anuncio de un reino de justicia de verdad y de libertad. Tendríamos que referirnos al pensamiento utópico de Tomás Campanella (1568-1639) y su enorme proyecto de la ciudad del Sol y su crítica implacable del aristotelismo ensimismado en problemas alambicados y reiterativos de un esencialismo decadente. En su inclinación platónica exploró la conciencia individual como hecho fundamental de toda experiencia. No es desatinado incluir a fray Giordano Bruno (1548-1600) que seducido por el descubrimiento del cambio, de los cambios exteriores y tomando pie de las tesis de Copérnico, pugnaba por superar el geocentrismo por un heliocentrismo aún en ciernes: afirmaba que “Las modificaciones del cielo se constatan desde el punto de vista  de quien habita este planeta, si suprimimos imaginariamente la tierra entonces ya no hay ocaso ni aurora, ni horizonte, ni meridiano, ni día ni noche” planteaba un cambio de tal magnitud que la sociedad reaccionó poniéndolo en la hoguera en la Piazza dei Fiori en Roma.

Sin duda esta forma de pensar de algunos de los dominicos chocaba con las de otros de la misma orden que pensaban exactamente a la inversa y que defendían tesis que ayudaban, como los inquisidores,  a mantener el poder en manos de las aristocracias. Pero en el Nuevo Mundo la tradición buscó caminos de reforma de la Iglesia amenazada en Europa por la Reforma protestante. Una corriente evangélica de reforma presidida por el Cardenal Cisneros bañó las misiones franciscanas influidas por corrientes espiritualistas: Los dominicos de la Isla española reaccionaron en contra de la práctica esclavista llamada encomienda y las invasiones violentas. Fray Pedro de Córdoba, Fray Antón de Montesinos y Fray Bernardino de Minaya decidieron oponerse, en las primeras décadas del siglo XVI, en nombre de su fe y con argumentos políticos y jurídicos a la invasión sangrienta de personas pacificas y desarmadas. Fue Bartolomé de las Casas quien se puso al frente de la defensa de los indígenas, de su racionalidad y de la civilidad de todos los individuos de este continente; en gran Parte a Las Casas debemos el reconocimiento de los aborígenes como sujetos capaces de recibir los sacramentos de la Iglesia. Fray Bartolomé de Las casas también conocía el pensamiento utópico de Tomás Moro[1]. Los argumentos jurídicos  de fray Francisco de Vitoria reivindicaron los derechos de los pueblos, sean o no parte de la cultura grecolatina, a su propia vida, a su propia vida social y su estructura jurídica. Fray Tomás de Mercado (+1575) Sevillano emigrado a Nueva España analiza la situación económica derivada de la invasión y explotación de las Indias por el Imperio español. Examina la conjunción del esclavismo, la servidumbre y el trabajo asalariado, en el contexto del mercantilismo mundial, pasa a revisión los fenómenos propios del capitalismo como la inflación la usura y el monopolio. Este investigador moralista elabora una teoría del precio justo  y concluye el deber de procurar el bien común por encima de cualquier interés particular. Otros dominicos, en Oaxaca (Antequera) siguieron una línea social semejante y paralela indicando ana práctica moral razonable aceptable de quienes ejercían la profesión de mercader en tierras indígenas.

 

 

La tradición dominica traspasó los acontecimientos del movimiento armado que nos emancipó de España con el pensamiento y la peculiar y excéntrica actuación de fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, nacido en Nuevo León, que justificaba el levantamiento de los habitantes del Anáhuac contra la monarquía borbónica la cual había claudicado frente a José Bonaparte; precisaba el excéntrico dominico, que la independencia era derecho de criollos, mestizos, indios y negros en el México independiente. Inundó con sus publicaciones el ambiente cultural de los años posteriores a la declaración de la independencia de México. Algunos dominicos también participaron el conflicto suscitado por la hegemonía de la política liberal en el siglo XIX.

 

En el siglo XX una vertiente del pensamiento de los dominicos, en especial fray Alberto de Ezcurdia, participó en el diálogo del marxismo con el cristianismo en los años sesenta del siglo pasado en las discusiones organizadas por la UNAM y en los diálogos por la televisión. De ahí viene la presencia de la tradición dominica en el UNAM y en las discusiones sobre la teología de la Liberación y los derechos humanos que llenaron las décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado. La corriente subterránea de esta lava sigue, incandescente, buscando hoy nuevas salidas.

 

Es esta en la tradición que cabalgamos, pero en el CEFTA (aparte de cierta culturilla) inculcamos (o provocamos) poco más que las habilidades para pensar, para leer, para hablar y para escribir.

 

Claro, esto no es poco, ni es fácil.

 

Pensar es distinguir

Para pensar es necesario distinguir entre las sensaciones y las percepciones. Es esencial tener bien claro cómo se elabora una idea, y cuáles son los límites de la definición para formar un concepto que corresponda a algo. Pensar es ordenar, decidir dónde se colocan los conceptos por su origen, y qué adquieren del contexto. Para pensar es necesario formarse una cuadrícula y darle su lugar, su jerarquía y su importancia a las ideas que recibimos y que producimos. No tiene la misma importancia la copa de Oro de fútbol y la insurgencia de la APPO en Oaxaca.

 

Leer muchos mundos

La intención del CEFTA es que los egresados puedan leer muchos mundos. Porque leer es mucho más que adivinar las letras por sus trazos. Es prosodia, ortografía y sintaxis. Es pescar, seleccionar, adoptar, pulir un vocabulario significativo y claro. La distancia que existe entre los capullos del gusano y el hilo de seda es la que media entre el tumulto del pensamiento y el la delicada fibra del lenguaje. La lectura reconoce, estructura: párrafos, unidades concordancias temporales el lector no sólo se abre a nuevas galaxias sino que también recrea las propias, “supernuevas”, creaciones diferentes, inéditas, jamás mencionadas. Aquí se aprende a leer la vida, la metáfora, las realidades más terrenas y las que habitan en cielo, y también los mundos irreales del juego y los virtuales de la Internet.

 

 

Hablar Claro

En principio tiene derecho a hablar todo aquel que sabe escuchar. Pero si hablamos para alcanzar al otro y para comunicarnos o para consolar y defender, la virtud es la claridad. No se ve qué sentido tiene hablar si lo que se dice no se ha de recordar. Los bebés ya balbucean, pero sin sentido, sin significado; hay que romper esa frontera. La palabra hace cosas y también las destruye; se puede escoger qué construir y que destruir y la forma de hacerlo; no sólo la palabra propia, es necesaria la de todos porque cada quien tiene detrás de su voz, su palabra. Hay algo que alcanzar, que atrapar en el discurso del otro.  Por lo tanto me roban algo mío, cuando encarcelan la palabra del otro, cuando la acallan y la esconden o la enlodan con superficialidad. La libertad de palabra no consiste  sólo en generarla internamente, la libertad incluye la posibilidad y los recursos de externarla.

 

Rev (b) elarse en la escritura

Nos han repetido hasta el cansancio que se aprende a escribir escribiendo. Escribir es un arte y sólo se aprende en la práctica: de ahí viene el refrán latino  Nulla dies sine linea”, es imperante escribir todos los días. Pero también es un juego, como los juegos de agua de las fuentes, el efecto es siempre nuevo, irrepetible como las leyes que inventan los niños en sus juegos.  La intuición artística se da instantáneamente de una vez, fugaz, como relámpago. La idea sale de la mente brincando furiosamente como un potro, ¡Cuánto sudor, cuánta fuerza, y acopio de paciencia, antes de que se pueda presentar como graciosa cabalgadura! Si queremos poner por escrito una idea hay que pertrecharse con mucho papel, y muchas plumas, pero más necesario será la disciplina, la constancia y la persistencia. Escribir es una actividad que se lleva a cabo en el sufrimiento.  Para escribir hay que arrojarse contra el muro de la página blanca, detrás hay un laberinto, -es cierto- pero es el único camino que nos introduce por la puerta al mundo de la imaginación y más allá, mucho más allá. Las correcciones y tachaduras van dejando un texto magro, muy escueto y delgado; es el único que queremos que nuestro lector tenga ante los ojos de su espíritu.

 

Como portadores de la tradición mencionada, queremos transmitirla a otros, ya sabemos que tanto para dar la estafeta como para recibirla hay que estar en movimiento. Eso es lo que habremos de garantizar; correr para arrebatar la estafeta y no bajar después la velocidad hasta entregarla.

 

***

 

Es en esta tradición que se inscribe CEFTA, todo esto que acabo de mencionar  no está en los reglamentos pero tampoco  todos, absolutamente todos,  los que pasan por el CEFTA se apegan a un perfil canónico determinado como se puede constatar aquí mismo.

 

Esta tradición trae una inercia que pesa sobre las fuerzas espirituales de crítica, de libertad y de creatividad, fuerzas centrífugas que se disparan a los lugares más inverosímiles. Hasta este año no hay examen de admisión, el entrevistador sólo tiene que asegurarse que el candidato trae en su determinación algo así como la porosidad de las esponjas y en su mente la actividad incansable de los manantiales.

 

Los fundamentos que se dan el CEFTA sirven para edificar el edificio teológico de la Orden de Predicadores o cualquier otra construcción con tal de que no esté chueca.

 

Sólo quisiera terminar dejando claro la responsabilidad que ahora pesa sobre ustedes en el presente estado del país y de la cultura nacional y reiterando mi felicitación muy sincera.

 

Gracias.

 

 

 

León, Gto.  Agosto 4 de 2007

 



[1]Mauricio Beuchot  Estudios de historia y de filosofía en el México Colonial, México, UNAM , 1991. p. 83.

 


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