Nuestra institución

 

En el año 1992 los Dominicos establecieron en León, Gto. un centro de estudios de filosofía. Aunque destinado a los estudiantes de la Orden, desde el principio el centro estuvo abierto a todos los interesados en los estudios filosóficos.

En 1996 se obtuvo el reconocimiento oficial de los estudios por parte de la Secretaría de Educación Pública (Acuerdo n. 962094 del 29 de agosto de 1996). Desde entonces se realizan en el centro los estudios correspondientes a la licenciatura en filosofía.

El Centro de Estudios filosóficos lleva el nombre de Tomás de Aquino, porque este sabio medieval es un ejemplo de lo que debe ser un intelectual en nuestro tiempo. El ejemplo pudiera parecer demasiado lejano. Sin embargo, el siglo XIII se enfrentó a problemas muy parecidos a los actuales. Cuando llegaba a las universidades de Europa el pensamiento y la visión del mundo de Aristóteles a través de los comentaristas árabes, muchos lo rechazaron en nombre de la visión cristiana tradicional. Santo Tomás supo descubrir en ese pensamiento verdades con las que logró una síntesis grandiosa entre filosofía y fe. ¿No haría falta hoy una síntesis parecida frente a los sistemas modernos y los infinitos datos de las ciencias?

Naturalmente que no se trata de repetir, ni de hacer una filosofía válida sólo para los cristianos. La filosofía no necesita adjetivos: es la búsqueda de la sabiduría, como decían ya los primeros filósofos. Pero en el largo camino de esa búsqueda hace falta un guía. ¿Platón? ¿Aristóteles? ¿Descartes? ¿Kant? ¿Hegel? Se podría elegir a cualquiera de ellos. Pero también se puede elegir a Tomás de Aquino.

Para ver la fecundidad de los principios de la filosofía tomista bastaría recordar que la tarea de Francisco de Vitoria –el fundador del derecho internacional- y de Bartolomé de Las Casas –el defensor de los indios- en el siglo XVI no fue más que la aplicación de esos principios a los problemas que planteó el descubrimiento del Nuevo Mundo.

 

 


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